Nuestras palabras contra la muerte: Rob Riemen en El Claustro

En el marco de la presentación de su más reciente libro, el filósofo, ensayista y pensador humanista Rob Riemen visitó la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su presencia no sólo obedeció a un intercambio académico, sino también al fortalecimiento de una amistad que, como muchas de las ideas que atraviesan su obra, se sustenta en la convicción de que el pensamiento nace del encuentro humano.

Su nuevo libro, La palabra que vence a la muerte, representa la culminación de una reflexión que Riemen ha desarrollado en títulos anteriores como Nobleza de espíritu y El arte de ser humanos. En esta obra, el autor neerlandés retoma sus preocupaciones esenciales: la defensa del espíritu, la preservación de la dignidad humana y la necesidad de resistir a la deshumanización promovida por la lógica contemporánea del éxito, la eficiencia y el consumo.

El encuentro con los estudiantes de Escritura Creativa y Literatura y Filosofía se desarrolló en un tono cercano, más de conversación que de conferencia. Desde el inicio, Riemen insistió en que la palabra, cuando se pronuncia desde la verdad y la empatía, tiene el poder de devolverle sentido a la vida. En un mundo regido por la “cultura de la muerte” —como él la denomina—, donde se valora más la productividad que la compasión, la palabra compartida se convierte en un acto de resistencia. Con esta idea se expone una de las tesis centrales de su libro: la verdadera tarea del ser humano no es acumular logros materiales, sino mantener viva la llama del espíritu, esa dimensión interior que da sentido a la existencia.

Durante el diálogo, Riemen abordó el papel de la educación y de las humanidades como antídotos contra la fragmentación social. En una época marcada por el aislamiento y el ruido digital, propuso recuperar el valor de la conversación profunda y del pensamiento crítico como formas de encuentro. “El crimen de nuestra era —afirmó— ha sido que las generaciones más jóvenes se vean obligadas a preguntarse todo el tiempo cuál es el propósito de la vida.”

Fundador del Nexus Institute, Riemen ha promovido desde hace años espacios de diálogo interdisciplinario donde filósofos, escritores, científicos y artistas reflexionan sobre el destino de la civilización. En su visita al Claustro, recordó que la base de ese proyecto —como de todo su pensamiento— es la amistad: un lazo intelectual y afectivo que permite compartir la búsqueda de la verdad. Y es que sólo a través de los vínculos humanos, de la empatía y del amor, podemos vencer a la muerte.

La conversación también derivó hacia los peligros de una educación orientada únicamente a la productividad. Para Riemen, la universidad debe ser un espacio de comunión, donde los vínculos intelectuales y emocionales se entrelazan para formar comunidades de sentido. “Cuando el espíritu humanista pierde valor, surge una crisis de propósito que no puede resolverse con más tecnología ni con acumulación de información, sino con más comunidad”, enfatizó.

El pensador neerlandés insistió en que disciplinas como la poesía, la filosofía y las artes son esenciales porque ofrecen un modo de habitar el mundo con profundidad y sentido. Frente a la velocidad y la indiferencia del presente, las humanidades nos recuerdan que lo esencial del ser humano no puede medirse en cifras, sino en gestos, palabras y encuentros.

En este sentido, su visita al Claustro no fue solo una presentación editorial, sino una reafirmación de los ideales que la universidad comparte: la defensa de la palabra, del pensamiento libre y del conocimiento como acto de convivencia. Una educación verdaderamente humanista es la herramienta más poderosa que tenemos para combatir la cultura de la muerte, porque nos enseña a cuidar de la vida y de los otros.

El diálogo cerró con una invitación a mantener vivo el espíritu crítico, pero también la esperanza. Riemen recordó que, en los momentos más oscuros de la historia, la humanidad ha sobrevivido gracias a quienes se negaron a rendirse al cinismo. Su voz resonó entre los estudiantes como una llamada a resistir desde la palabra y desde el vínculo con los demás.

En tiempos en que la prisa y la competencia parecen imponerse como única medida del valor, su mensaje resultó luminoso: la verdadera grandeza humana no está en el éxito ni en la fama, sino en la capacidad de crear comunidad, de amar y de pensar con nobleza. Esa, según Rob Riemen, es la palabra que vence a la muerte.

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